Estaba conociendo el lugar al que me había mudado al mismo tiempo que lo iba montando. Había muchas sorpresas y novedades: desde la forma en que la luz se filtraba entre las hojas de la mata y entraba por las ventanas, pasando por las flores que se abrían por primera vez ante mis ojos, hasta los desafíos inesperados que aparecieron en forma de vientos, árboles caídos y serpientes en el living. También había aprendizajes graciosos, como acostumbrarme a mirar cuánto pesaba todo lo que fuera a comprar.
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Tenía una casa y un gran terreno a los que transformar en un hogar. La perrita y la gatita facilitaban el proceso. No sé bien cuánto tardamos en darles nombres ni en descubrir los que ya tenían de antes. Lo que sí sé, después de revisar las fotos y videos de la época, es que no tardaron nada en empezar a hacerme fiesta al final de la escalera cada vez que llegaba a casa. Hubiera jurado que habíamos tardado más, pero no, la decisión de ellas de vivir conmigo fue instantánea.
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El episodio que me hizo darme cuenta de que Caramelinha se había mudado también a mi corazón involucró un puercoespín y un hocico lleno de espinas amarillas. Sus llantos desesperados interrumpieron mi mañana de trabajo y, al verla así, la envolví en un almohadón y la bajé por la escalera a upa para llevarla al veterinario. Pero cuando llegamos al auto no tuve más remedio que apoyarla en el suelo y no logré que se subiera, se escapó morro arriba. Me quedé preocupada y angustiada por 4 días hasta que volvió a aparecer en la galería sin espinas y con su alegría de siempre. Después me enteré de que los vecinos se habían ocupado de ella, al fin y al cabo, la conocían hace varios años más y tenían 4 brazos para hacer el operativo. Menos mal.
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Lo del fuego de la primera noche fue casi premonitorio. Estaba fresco y hacíamos fuego casi todas las noches. No tardé en comprarme, incluso antes que un sillón, un hogar de esos de con patas para poder hacer fuego en la galería cuando estuviera lloviendo. Lo uso muchísimo hasta hoy.
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La tercera semana de Octubre, mi prima Maga y mi tía Analía fueron las primeras visitas argentinas en conocer mi casita. Estaban en Brasil para un casamiento y aprovecharon para escaparse a la playa y conocer mi rincón en el mundo. Y yo pude conocer a Almita, la hija de Maga, que tenía poco más de dos años.
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Hacia fin de mes llegó mi amadísimo Ari Hassan de visita. Fue el primer amigo que durmió en mi casa, estrenando el futón que me acababa de llegar. Era especialmente significativo para mi compartir este momento con él, que me había conocido en 2010 viviendo en la casona de Belgrano de mi abuelo y me acompañó en tantas etapas, siendo no sólo testigo del nacimiento de mis sueños de mar y selva sino también el anfitrión que me dio hogar cuando me quedé atrapada en la pandemia en Buenos Aires. El 30 de Octubre de 2022, para completar el buen momento, Lula ganó las elecciones presidenciales en Brasil.














