Duelo entusiasmo

Poco tiempo después de que se fueran las visitas, le llegó la hora de irse a Tim.
Sus días en Brasil estaban contados y, como no se iba a ir volando, sino en su moto, necesitaba de varias semanas para llegar a la frontera de Brasil con Venezuela.
.
La despedida con Tim fue un dolor dulce. Sabíamos que era lo que tenía que suceder aunque no necesariamente fuera lo que deseábamos, así, en plural. Era, eso sí, lo que resultaba de nuestros deseos individuales. Estábamos en momentos de la vida diferentes. Aunque nos hubiéramos forjado rápidamente una intimidad cotidiana llena de cariño y confianza, las narrativas de nuestras vidas estaban destinadas a separarse. Sólo no se separarían si forzábamos la prolongación de nuestro encuentro tan mágico. Y eso – lo sabíamos – sería mucho más devastador que patalear y extrañarnos por un tiempo.

Los días de su cuenta regresiva, lloramos y reímos mucho. Es difícil tomar la decisión correcta cuando ésta duele. Pero la certeza de que es la correcta la torna posible.

Tim partió en una moto muy cargada el 22 de Enero de 2022 un poco después del mediodía. Cerré el portón mañoso del garage que habíamos operado hasta ese momento siempre en equipo y pasé algunas horas llorando sin parar. Entre los sollozos de media tarde, encontré un papelito escondido en la cesta que él me había traído de regalo desde Paraty. Decía “go surfing”

Me hizo sonreír, y le hice caso.

Mis días en Brasil no estaban contados. Era residente, y acababa de llegar a un pueblo en el que quería quedarme – por lo menos 6 meses. Podía darme el lujo de vivir un día después del otro, de ese modo chiquito e infinito propio de la sencillez. Pasar los días pedaleando de las olas al próximo estribillo en portugués. Mirando la lluvia por la ventana, aprendiendo un idioma, descubriendo una idiosincrasia.

El duelo de despedirme de Tim sucedía al mismo tiempo que el entusiasmo de adoptar un país, de meterme en una región y dejar que ella se meta en mí para transformarme irremediablemente.

Por esas fechas leía mis primeros libros en portugués – la colección “vozes negras” de la editorial TAG. Hurgando entre las fotos para armar este post, encontré ese fragmento de Autobiografia da minha mãe. Me pareció pertinente entonces. Me parece pertinente ahora.

Faltaban varios años, centenas de sesiones de surf y 30 mil millas náuticas para que Tim y yo volviéramos a encontrarnos. Eso sí, nunca dejamos de conversar.