2 meses en Itamambuca

Ya tenía claro que quería parar, bajar el ritmo y disfrutar de la naturaleza y el surf, pero los dos meses con Tim en Itamambuca eso no
fue posible todavía. Estábamos cómodos, eso sí. La casa era linda y espaciosa pero el cuarto donde quería trabajar en el tráiler del docu estaba lleno de goteras. Por suerte, lo notamos pronto y no se mojó nada importante.

Terminé montando el escritorio en un cuarto que habíamos pensado para visitas y me concentré al máximo. La mayoría de los días los pasaba sumergida en el programa de edición, aunque todavía quedaban muchos asuntos logísticos y burocráticos por resolver.

Sentía la urgencia de volver a surfear, así que en la primera semana me compré una tabla usada. También conseguí una bici de segunda mano por Facebook (que sigue rodando). Investigué cómo obtener el registro de conducir brasileño y cómo vender el Scénic y comprar otro auto. Tim, por su parte, se compró una moto. Para crear hogar, compramos algunos utensilios de cocina, como mi tacita de café amarilla que aún conservo.

Al principio, fantaseaba con mudarnos cerca y quizás quedarme sin auto un tiempo, pero con las semanas, quedó claro que eso era muy complicado…

Dos meses pueden parecer mucho, pero para: terminar la edición del tráiler de un proyecto de años, vender y comprar un auto, recogerlo en Diadema, adaptarme a una tabla nueva, retomar el ritmo brasileño en una región donde apenas conocía a alguien, hacer mi primer video de animación para Bloomberg Law y encontrar casa para mudarme en Diciembre, fueron apenas suficientes. Llegué queriendo parar, pero la maratón seguía.

Con todo, hubo muchos momentos de alegría y disfrute. Tener a Tim conmigo, con su amor, apoyo, licuaditos, paseos en moto y complicidad hacía que todas las hazañas fueran más llevaderas. También me gustaba la mata atlántica, caminar por el río para llegar al mar a buscar unas olas, vivir con los pies embarrados. Podía sentir cómo me acercaba a mi objetivo de encontrar un rincón donde quedarme por un largo tiempo, pero todavía faltaba. Iba bien, pero tenía que seguir avanzando a toda velocidad y con la lengua afuera… como los perritos de la foto.