a Oregon en tren

Amo viajar en tren y son pocas las oportunidades que uno tiene de tomarse un tren por muchas horas. En este caso, el viaje a Portland iba a durar 36.
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Llegué temprano y medio dormida a Union St. que me despabiló con su belleza inesperada e imponente. Este edificio mezcla de estilo colonial con Art Decó se merece una visita aunque uno no necesite tomarse un tren. Era temprano y estaba bastante vacía. Me regodeé con la manera en que la luz resaltaba la enorme cantidad de detalles arquitectónicos que había para disfrutar. Locación perfecta para grabar peli de época.
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Ya en el tren, confirmé que los asientos eran bien espaciosos y que sentarme en la ventana había sido la mejor decisión. Iba a disfrutar prácticamente de toda la costa Oeste entre L.A. y Portland.
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Por los parlantes anunciaron que el vagón comedor estaba cerrado para las clases populares. Me alivió haberme llevado mi vianda deliciosa y bastantes snacks. Al finy al cabo, era plena pandemia todavía.
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Durante las muchas horas de viaje, fui al vagón panorámico varias veces y tuve conversaciones random y divertidas con varios viajeros. Tuve tiempo de mirar el material que había grabado en L.A., hablar por teléfono con algunos amigos y procesar las semanas de producción maniática que había dejado atrás.
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Yo venía diciendo que ese viaje se parecía mucho a un vide juego. Antes de despedirnos en San Francisco, Elliot me había dicho: “si el viaje es un videojuego entonces un viaje en tren de 36 horas es una gran pantalla de carga”. Fue tal cual, con ocáno el pacífico golpeando los amarillos y naranjas de las rocas a modo de barra de progreso.
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En Oregon bajaría el ritmo, me encontraría con Mike, quien además de mi entrevistado sería mi anfitrión.