El 16 de Febrero de 2022 Amelia y yo nos subimos a un avión rumbo a São Paulo y, en seguida, al colectivo passaro marron que une el aeropuerto de Guarulhos directamente con el municipio de São Sebastião.
Amelia pasó 8 días conmigo en el rinconcito del planeta que acababa de robarme el corazón. Fue un placer absoluto, como siempre lo es pasar tiempo con ella, desde la primera vez que me hospedó en su cabaña en el medio de la ruta en Costa Rica gracias a que la plataforma couchsurfing nos conectó. Eso había sido en el 2016. Ya habían pasado casi 6 años, encuentros en varios continentes y ahora acababa de ser testigo de su casamiento pandémico.
Durante nuestros días en Camburi pedaleamos, vimos muchos atardeceres, comimos cosas ricas y visitamos varias casas que estaban en venta, porque yo estaba muy interesada en la posibilidad de comprarme una casita en el sertão de Camburi. También toqué en Meio da Mata en una noche inolvidable compartida con artistas de circo argentinos. Ah, y descubrimos la parrilla No Sal que se tornó uno de mis restaurantes favoritos en Camburi, y de los restaurantes favoritos de Amelia en el mundo entero!
Estábamos juntas en un “O buteco”, barcito en Camburi (el original, chiquito, en la principal), cuando conocí a Zileu y bailé el primer forró con él. Ese mismo lunes conocí a Teté y Pulga, entre otros seres que con el tiempo se volverían parte de mi entrañable vida cotidiana. Qué suerte que Amelia compartió conmigo esos pequeños momentos clave de mi historia en el litoral norte de Brasil.
Ya pasaron más de 3 años desde la primera visita de Amelia a Camburi. Si me tienen paciencia y me siguen leyendo van a entender por qué este relato está tan atrasado. Han sido años intensos.
El 25 de Febrero la dejé a Amelia en el colectivo y caí en la cuenta de que ya llevaba prácticamente 3 meses en Camburi – la mitad de mi contrato. Estaba clarísimo que iba a necesitar extenderlo. El tiempo pasa rápido cuando uno la está pasando bien.






